Este martes la ONU reclamó a las potencias internacionales una clara condena del golpe de Estado en Birmania y les pidió que rechacen el plan de los militares para celebrar unas nuevas elecciones. Sin embargo, desde China y Rusia han bloqueado la posibilidad de enviar una respuesta unánime contra los militares.

Tanto desde Estados Unidos como desde Europa hubo una condena inmediata y enérgica de los hechos y se pidió la restauración de la democracia, así como la liberación de Aung San Suu Kyi y la del resto de políticos y activistas detenidos. Desde el Gobierno de EE.UU. incluso se advirtió de la posibilidad de imponer sanciones a Birmania si incumplía estas peticiones.

El G7, formado por Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos también se pronunció a través de un comunicado que decía: «Hacemos un llamado a los militares de Birmania para que pongan fin de inmediato al estado de emergencia, restauren el poder al gobierno elegido democráticamente, liberen a todos los detenidos injustamente y respeten los derechos humanos y el estado de derecho».

El Consejo de Seguridad de la ONU, formado por 15 países, mantuvo el martes por la tarde una reunión de urgencia a puerta cerrada tras la que se esperaba que se publicase un comunicado conjunto donde se condenase el golpe de Estado de los militares birmanos. Sin embargo, Tanto China como Rusia, ambos miembros permanentes de Consejo con derecho a veto, votaron en contra de la resolución, impidiendo la condena.

Lo que, para Washington, Londres y la Unión Europea fue un golpe militar, para China fue «una importante reorganización del gabinete». Desde hace tiempo China se ha posicionado crítico con la situación democrática de Birmania, participando en las quejas que los militares expresaron sobre un supuesto fraude que habría ocurrido en las pasadas elecciones del 8 de noviembre, en las que la Liga Nacional para la Democracia (LND), partido liderado por Aung San Suu Kyi, había ganado con más del 80% de los escaños del Parlamento.

También cabe destacar la reunión entre el general Min Aung Hlaing, líder de la junta militar que gobernará Birmania tras el golpe de Estado, y el ministro de Exteriores de China, Wang Yi. Durante este encuentro podría haber tenido lugar un intercambio de información o apoyo en relación con lo ocurrido el pasado lunes. Además, Wang declaró que «China aprecia que el ejército de Birmania tome la revitalización nacional como su misión».

Estos hechos han llevado a muchos a preguntarse cual es el nivel de complicidad existente entre la junta militar de Birmania y Pekín. Este miércoles, durante una entrevista se le ha cuestionado al ministro de Exteriores chino si desde su gobierno se ha apoyado o consentido el golpe de Estado en el país vecino. A esto, Wang ha respondido que «esas teorías no son ciertas, deseamos que todas las partes en Birmania puedan resolver sus diferencias y defiendan la estabilidad política y social». Seguidamente, añadió que «la comunidad internacional debe crear un buen entorno externo para que Birmania pueda resolver sus conflictos de manera apropiada».

Por su parte, Rusia se ha opuesto al comunicado porque desea que el conflicto se resuelva «en correspondencia con la legalidad y por medio del diálogo político», así lo ha dispuesto la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, que también ha expresado su confianza en las autoridades militares birmanas para que convoquen elecciones democráticas el próximo año.

 

Por Adrián del Río Montero

Fotografía de: Hola News

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