El 36º presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, es una figura histórica de mucha relevancia. Un luchador por los derechos civiles que combatió el racismo en su país y que sucedió al posiblemente más popular presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy. No obstante, pocos conocen una oscura verdad de este presidente,  y es que estaba obsesionado con su pene, sobre todo con enseñarlo a quien pudiese. En este artículo comentamos los aspectos más llamativos de esta obsesión presidencial.

Lyndon B. Johnson fue uno de los presidentes más queridos de los Estados Unidos, así como una de aquellas personas que consiguen grabar su nombre en el tapiz de la historia. Este presidente fue conocido por continuar la labor de John Fitzgerald Kennedy en cuanto a la integración de la población afroamericana y la lucha por los derechos civiles. Durante su mandato se lograron muchos hitos, sobre todo en sur del país, para lograr que la mayor minoría de los Estados Unidos consiguiese obtener los derechos que durante años les habían sido negados en nombre de la segregación racial.

En 1964 logaría aprobar la Ley de Derechos Civiles, la cual prohibía los actos de segregación en todos los establecimientos y locales, tanto públicos como privados, acabando de esta forma con una tendencia segregacionista que hasta ese entonces era muy fuerte en el país. Igualmente en 1967 se aprobaría la llamada Ley de Derecho al voto, la cual prohibió la discriminación a la hora de votar, proporcionando de facto el voto a la población negra que residía en el sur de los Estados Unidos. Johnson en general es entendido como una figura digna de admiración y un luchador por los derechos civiles y la libertad de los individuos. Asimismo, posee el honor de ser el presidente moderno de los Estados Unidos más votado, logrando obtener en más del 60% de los votos emitidos en las elecciones de 1964.

Lyndon B. Johnson/Político.com

Pese a todo, Johnson, poseía, de acuerdo con sus biógrafos y amigos cercanos, una peculiar personalidad y una obsesión llamativa con cierta parte de su anatomía a la cual denominaba Jumbo. El amigo Jumbo no era ni más ni menos que el pene presidencial, el cual Johnson tenía la costumbre de admirar y mostrar a sus cercanos y no tan cercanos. El presidente estaba profundamente convencido de poseer un miembro fuera de lo común, por mucho, y poseía la costumbre de mostrarlo a los miembros de su gabinete mientras preguntaba “¿Has visto alguno más grande?”.

A tal punto llegaba su obsesión con Jumbo que ordenó instalar en el baño de la Casa Blanca un intrincado sistema de fontanería para incluir en la ducha dos chorros extra, uno que apuntase directamente a Jumbo y otro a su trasero. Las especificaciones realizadas por el presidente recalcaban la necesidad de que estos nuevos chorros tuviesen la presión de “una manguera de bombero”.

Al parecer el jefe de fontanería de la Casa Blanca se negó a estas especificaciones, algo que Johnson no tomó con demasiada filosofía, amenazando a este hombre con su despido inmediato. De sus varias discusiones ha quedado registrada la frase dicha por el presidente en la cual afirma que “Si yo puedo movilizar 10.000 hombres en un día, tu puedes desde luego arreglar la ducha tal y como yo la quiero”. Tan abominable debió de ser el curioso instrumento que cuando Richard Nixon llegó a la Casa Blanca tras ganar las elecciones de 1969 se horrorizó al verlo y gritó “retiren esa cosa de ahí”.

Se ha recogido en varias de sus biografías que el mandatario acostumbraba utilizar el baño del Congreso y el Senado de una particular forma. Según los testimonios recogidos por sus biógrafos, Johnson esperaba utilizando los urinarios a que alguien entrase para, en cuanto ese incauto con necesidades urinarias se acercase, girar noventa grados, sujetarse el pene con ambas manos y preguntar “¿No es el más grande que has visto?”.

Igualmente particular era el uso que le deba de forma cotidiana a su servicio privado de la Casa Blanca. Jonhson dio orden a los arquitectos del edificio para que colocasen micrófonos en todos los servicios, pues gustaba de, mientras que hacía sus necesidades, mantener la puerta abierta y dictar discursos a su Gabinete. Su gabinete, no obstante, poseía una composición peculiar y lejos de estar formado por hombres maduros trajeados, se componía en su mayoría de mujeres jóvenes que Johnson consideraba atractivas a las cuales llamaba cariñosamente “El Harén”.

También mantenía la curiosa costumbre de aterrar a sus secretarias con apariciones sibilinas de Jumbo en todo momento y lugar, desde caminando por los pasillos de la Casa Blanca hasta en medio de reuniones supuestamente oficiales. Una de las bromas que más gracia le hacía al presiente era llamar a una de sus secretarías al despacho para, entre risas, sacarse el pene y decirle «Saluda a Jumbo«. Igualmente, gustaba de realizar «el tratamiento Johnson» a todas las personas que le rodeaban. Este revolucionario tratamiento ideado por el presidente consistía, grosso modo, en tocar empujar y hasta en golpear en los genitales a sus interlocutores con el objetivo de intimidarlos o de mantenerlos en alerta. Podemos imaginar como sería la vida de aquellas trabajadoras.

Y es que el mandatario era conocido por hacer aspavientos de su hombría, poseyendo una larga lista de amantes y queridas repartidas por todo el territorio nacional. El presidente se jactaba de haber “Estado accidentalmente con más mujeres que Kennedy a propósito” en clara muestra de desprecio a la juventud y atractivo por la cual era conocido JFK. Johnson, bien entrado en los cincuenta y con facciones no especialmente atractivas, gustaba atacar al más famoso de los Kennedy por su belleza alegando poseer más hombría.

Johnson y Kennedy/ Político.com

En buena parte de estas muestras de hombría, de la misma forma, hacía acto de presencia Jumbo. Se comenta que en un acto informal varios corresponsales de noticias en la Casa Blanca le preguntaron por qué Estados Unidos continuaba en la Guerra de Vietnam. Johnson, tras esa pregunta, observó fijamente al periodista, metió su mano en los pantalones, sacó a Jumbo y afirmó con rotundidad “Por esta”. Curiosamente, la respuesta al parecer satisfizo la curiosidad del periodista.

Johnson  tenía tendencia a demostrar su hombría antes de reuniones de gobierno con un particular ritual. El presidente tenía la costumbre de bañarse desnudo en la piscina de la Casa Blanca, acto al cual invitaba a todos aquellos a los cuales pretendía intimidar (de nuevo recordemos la alta consideración de Jumbo que tenía Johnson). Cuenta el libro The Presidents vs. the Press: The Endless Battle Between the White House and the Media–From the Founding Fathers to Fake News que Mike Cowles, director de la revista Look, durante una entrevista al presidente, se vió forzado a bañarse desnudo con él. Y es que al parecer cuando el mandatario vió al periodista le gritó desde la piscina donde chapoteaba “Qué pasa contigo, Mike? ¿Tienes miedo de verme desnudo? Ven aquí y desnúdate conmigo”. Cowles por su parte declaró que “Como la mayoría de los hombres de su edad, Lyndon no era una figura muy atractiva desnuda”.

Johnson en la playa/ El País

Los periodistas que debían tratar de forma habitual con el presidente se acostumbraron a este tipo de actuaciones por parte del mandatario, el cual gustaba de exhibirse ante quien pudiese. Frank Cormier, reportero de la Casa Blanca, recoge otra curiosa anécdota. De acuerdo con este periodista, el presidente decidió, durante una breve rueda de prensa en el Air Force One, enfatizar sus palabras de una llamativa forma. Así, mientras divagaba sobre el avance de la economía norteamericana, Johnson se desvistió, se deshizo de su ropa interior y comenzó a agitar una toalla con su mano derecha con el objetivo dotar de más fuerza a su discurso.

Igualmente gustaba de descolocar a su audiencia siempre que podía mediante espectáculos como el anterior o con menciones directas al tamaño de su miembro viril. Se comenta que el presidente decidió interrumpir una reunión en el despacho oval realizando una curiosa llamada a un sastre. El mandatario se comunicó con su costurero de confianza exigiendo, con voz alterada, más espacio para sus “pelotas” en el pantalón. De hecho, el presidente realizó una concreta descripción de la zona donde deseaba obtener más espacio, definiéndolo como el espacio exacto entre “sus pelotas y el Bunghole”( término que podría traducir como “ojete”), para rematar su petición con un sonoro eructo. Este suceso, lejos de tratarse de una interpretación malintencionada, se encuentra en su plenitud en Youtube para el disfrute de los lectores.

El presidente Lyndon B. Johnson es una figura paradigmática, siendo un férreo luchador por los derechos civiles al mismo tiempo que tenía por costumbre el exhibicionismo ante todos cuantos pudiese. La dualidad persigue a este mandatario que tiene, desde luego, muchas luces y sombras, y para sombra, como querría Johnson, la de Jumbo.

Por Yoel Meilán Pena

Fotografía de: Campaign Rhetoric

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