Ayer, miércoles 2 de diciembre, se proclamó la sentencia que condenaba a Joshua Wong, el activista prodemocracia más famosos de Hong Kong, a 13 meses y medio de cárcel por su participación en la manifestación de junio frente a la sede de la policía de Hong Kong.

Esta no será la primera vez que Wong entra en la cárcel, de hecho, su participación en la mencionada protesta sucedió cuatro días después de salir de prisión, donde había ingresado en virtud de una sentencia que condenaba su participación en las protestas prodemocracia de 2014. Lo verdaderamente importante es el endurecimiento de las condenas a estos activistas. Si esto se hubiese producido en 2010 lo más probable es que Wong hubiese sido condenado a unas cuantas horas de servicio comunitario. Sin embargo, en 2014, los jueces hongkoneses utilizaron como base legal la sección 18 de la Ordenanza de orden público de la época colonial británica para sentenciar a Benny Tai, principal figura de la Revolución de los Paraguas, a 16 meses de prisión, sentando un peligroso precedente seguido por los jueces hongkoneses que ha producido una severa escalada en la gravedad de las penas ante el delito de reunión ilegal, reduciendo considerablemente las posibilidades de los magistrados de condenar estos actos.

Los hongkoneses han demostrado valía al sobreponerse a los arrestos y encarcelamientos para volver a juntarse y pedir la democracia para su país. A pesar de ello, es posible que, con el paso de los años y la severidad de las autoridades, que cada vez ponen mayores trabas a los manifestantes, estas últimas condenas tengan un efecto disuasorio en la población. Joshua Wong y los otros activistas pidieron a los habitantes de Hong Kong que no se rindan y mantengan vivo el espíritu de la resistencia democrática, pero existen más de 500 manifestantes sentenciados, algunos de ellos con penas de hasta seis años de prisión, más de 2.000 habitantes que se enfrentarán a cargos judiciales relacionados con las protestas y más de 10.000 que han sido arrestados y puestos en libertad bajo fianza. Estos números junto con la falta de liderazgo por el encarcelamiento de los principales símbolos de resistencia son la mayor barrera para los que quieran continuar con las protestas. Otro importante factor de disuasión es la publicación de leyes que buscan acabar directamente con las libertades de reunión de las que hablaremos más adelante.

Ante esta difícil situación podría darse el caso de que los hongkoneses no quisieran seguir con las manifestaciones y decidiesen marcharse del país. El primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, anunció que a los residentes de Hong Kong que nacieron allí antes de la devolución del territorio a China el 1 de julio de 1997, se les concederá un visado especial para vivir en el Reino Unido, tras lo que se esperan más de 70.000 solicitudes.

Lo más importante de esta situación no se encuentra dentro de Hong Kong, sino que al lugar donde debemos dirigir nuestra mirada es a Pekín. Esto se debe a la particular relación entre China y Hong Kong, donde este último constituye hoy una Región Administrativa Especial de la República Popular China.

Ceremonia de entrega de Hong Kong a China en 1997

Para entender este punto debemos retroceder en el tiempo hasta el siglo XX, concretamente hasta el 1 de julio de 1997. En esta fecha, tras siglo y medio de dominio británico sobre el territorio de Hong Kong, Reino Unido transfiere la soberanía a China. La región de Hong Kong gracias a su uso como puerto comercial había producido un gran crecimiento económico y desarrollo en general de la zona, por ello, para no dejar a sus antiguos ciudadanos a merced de las autoridades chinas, el Gobierno británico, presidido entonces por Margaret Thatcher decidió realizar ciertas peticiones para salvaguardar el interés de los hongkoneses. En la Declaración conjunta sino-británica instaura el principio «un país, dos sistemas», propuesto por Deng Xiaoping, que reconoce que dentro del régimen de la República Popular China unificado coexisten de forma paralela al sistema socialista otros sistemas económicos y políticos diferentes en determinadas zonas. Así se pudo garantizar que Hong Kong se trataría como una región administrativa especial con un alto grado de autonomía interna donde se mantendría el sistema económico capitalista durante al menos 5 décadas, hasta el año 2047.

Sin embargo, sería ingenuo pensar que China iba a aceptar de buena gana que este territorio se mantuviese 50 años fuera de su influencia. Por lo que desde Pekín se han ido extendiendo los tentáculos de la República Popular para conseguir el control del territorio mucho antes. Y aunque no podemos decir que la tarea se haya finalizado, sí que van por muy buen camino.

Hasta 2047, es un territorio que se gestiona de forma autónoma ya que cuenta con instituciones y leyes propias, por lo que China poco puede intervenir dentro de la región. Por ello la estrategia del gigante asiático tiene que pasar por la promulgación de textos legales donde Hong Kong le ceda ciertas competencias al gobierno central. Con la llegada de Xi Jinping a la presidencia de China en 2012 las interferencias del gobierno central en la región han aumentado considerablemente, pero también supuso una mayor resistencia por parte de los muchos activistas y legisladores prodemocráticos.

Una de las protestas más destacadas en Hong Kong fue la Revolución de los Paraguas en 2014, donde se pedían elecciones libres, ya que el Jefe Ejecutivo, que actuaría como gobernante de la región, se elige a partir de una lista de candidatos propuesta por el Gobierno de la República Popular, dejando poco espacio de decisión entre políticos afines al Partido Comunista Chino. Este movimiento en contra de China es una respuesta al paulatino deterioro del territorio que, a pesar de seguir siendo un próspero centro financiero internacional, ve como las condiciones de vida de una gran parte de su población van empeorando, según los activistas, debido al control chino y a los pactos que las autoridades hacen con los oligarcas hongkoneses.

Revolución de los Paraguas

La respuesta de las autoridades ante las movilizaciones ha sido contundente, aunque por la propia Ley Básica de Hong Kong, que actúa como texto constitucional, China no puede utilizar el mismo grado de represión que en el resto de los territorios como el Tíbet o Sinkiang. Por ello, ha decidido atacar desde la legalidad.

Los textos legales que destacar son la Ley de Extradición y la Ley de Seguridad Nacional, ambos pensados para aumentar la posibilidad de represión sobre los activistas prodemocráticos. La primera, a pesar de que tuvo que ser retirada por las protestas masivas de la población, tenía como objetivo autorizar las solicitudes de extradición a China, Taiwán y Macao de criminales sospechosos de delitos como homicidio y violación, permitiendo la aplicación de un mayor poder coercitivo por parte del gobierno central.

En cambio, la Ley de Seguridad Nacional fue aprobada el 30 de junio de este año y alabada posteriormente por la propia Jefa Ejecutiva, Carrie Lam, que aseguró que era necesaria para garantizar la seguridad de China y calificaba a su territorio como un “enorme agujero” para la seguridad china. En esta ley, conformada por 66 artículos, sirve para combatir las amenazas a la seguridad nacional, pero sin definir exactamente el término, lo que la convierte en un paraguas para condenar a cualquier persona y, profundizando un poco más, poder acabar con las protestas antigubernamentales. Dentro de la ley se prevén cuatro delitos: “secesión”, “subversión”, “terrorismo” y “connivencia con fuerzas extranjeras”. Pero, estos delitos están formulados de forma simplista, lo que permiten extender su ámbito de aplicación a cualquier disidente. Desde la promulgación de la ley se viene utilizando con este fin asegurando que las consignas utilizadas, así como las camisetas, canciones y papel de color blanco podrían poner en peligro la seguridad nacional.

Sin embargo, lo más polémico de esta ley no es su motivación o su uso, sino su propia aprobación. Recordemos que la Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China es un territorio autónomo, contando, por lo tanto, con leyes propias. Pero, la Ley de Seguridad Nacional no fue aprobada por el órgano legislativo hongkonés, sino que se introdujo en la legislación de la región desde la Asamblea Popular Nacional. Esta imposición contraviene frontalmente lo expresado en el artículo 23 en el Capítulo II de la Ley Básica de Hong Kong , el cual dice que la ley debe ser aprobada únicamente por Hong Kong.

Carrie Lam, Jefa Ejecutiva de Hong Kong

Por todo lo expuesto, puede observarse que el proceso de pérdida de autonomía por parte de Hong Kong avanza a pasos agigantados y será difícil frenarlo. Por parte de la Comunidad Internacional no se ha hecho ningún gesto significativo a pesar de que la gran mayoría de Estados han condenado con dureza las prácticas de China. Estados Unidos ha amenazado con eliminar los privilegios de la región en materia de libre circulación de personas y capitales o en la reducción arancelaria, pero esto no supondrían un gran perjuicio para China, que prefiere ver su territorio uniformizado. Por otro lado, la mencionada estrategia de Reino Unido para dar visados especiales a los hongkoneses para que se les trate como «nacionales británicos de ultramar» podría llevar a China a pensarse mejor su estrategia de aproximación para no espantar a la población, que huiría fácilmente a Europa sin necesidad de pasar por el procedimiento de asilo político, pero es poco verosímil que se produzca la asimilación por parte del Reino Unido de tantos desplazados en tan poco tiempo. Finalmente, podríamos también hablar de Taiwán como otro aliado de Hong Kong, que, a pesar de su apoyo, no cuenta con los recursos o relevancia suficientes para ayudar de forma efectiva, dejando muy reducidas las posibilidades de Hong Kong de salir airosa de esta batalla por la autonomía.

 

Por Adrián del Río Montero

Fotografía de: ABC

 

Bibliografía:

https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/07/hong-kong-national-security-law-10-things-you-need-to-know/

https://hmcontemporaneo.wordpress.com/2011/05/12/cesion-de-hong-kong-a-la-republica-popular-china/

 

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