En los últimos días, junto con las elecciones presidenciales de Estados Unidos, tal vez lo más sonado sea la situación de Etiopía, que ha despertado las alarmas de las Comunidad Internacional ante la escalada desde un conflicto político hasta una guerra civil.

En primer lugar, es importante conocer el contexto etíope para después entrar en la actualidad del país. Etiopía es un Estado situado en el Cuerno de África, limitando con Yibuti y Eritrea en el norte; con Sudán y Sudán del Sur en el oeste; con Kenia y Somalia en el sur; y con Somalia en el este. La capital es Adís Abeba y el idioma oficial es el amárico. La historia del pueblo etíope resulta fascinante, los descubrimientos arqueológicos indicarían que el origen de los etíopes se remonta a los orígenes de la humanidad, lo cual concordaría con las descripciones de los mercaderes egipcios y la presencia del pueblo etíope en los textos homéricos y en los bíblicos (identificado con el Reino de Saba). Sin embargo, estos orígenes míticos son hasta el momento difíciles de verificar, por lo que la primera referencia a Etiopía que se conoce fehacientemente es el reino de Aksum, que era considerada una potencia en la región.

Pero no quisiera pasar por toda la historia etíope relatando una sucesión de datos historiográficos irrelevantes para este texto, así que considero oportuno avanzar varios siglos hasta la Edad Contemporánea. Concretamente querría avanzar hasta el año 1991, donde se pone fin a la Guerra Civil Etíope después de 17 años de conflicto. En este momento el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE) alcanza la victoria sobre el gobierno socialista de Mengistu Haile Mariam, que había dominado el territorio desde el derrocamiento del emperador Haile Selassie I, y pone al frente del país a Meles Zenawi, que ordena como jefe de Estado la creación de un gobierno provisional. Posteriormente, en 1995, tendrán lugar las primeras elecciones democráticas con una pluralidad de partidos políticos donde gana el FDRPE, convirtiéndose Zenawi en primer ministro del país. Desde este momento el FDRPE no volverá a perder unas elecciones, lo que despertará cierto recelo en la oposición. Las reformas políticas que llevó a cabo el partido transformaron a Etiopía de una república socialista a la República Democrática Federal de Etiopía que existe en la actualidad.

Meles Zenawi

Tras la caída de la monarquía, el gobierno marxista nacionalizó todas las tierras y empresas, expulsó a los inversores extranjeros y aumentó en gran medida el gasto militar. La Guerra civil y la hambruna entre 1970 y 1980 dejaron severamente dañada la economía etíope. Sin embargo, con la llegada de la democracia tuvieron lugar reformas económicas de gran calado tendentes a la apertura y liberalización del mercado, como la privatización de empresas públicas y la racionalización de la regulación gubernamental. Así Etiopía se convirtió en una de las economías que ha experimentado mayor crecimiento en el continente africano, habiendo crecido un promedio anual del 10,8% en el período 2003-2014. Su estructura económica se basa mayoritariamente en la agricultura, que representa el 46,3% del PIB, lo cual no resulta sorprendente teniendo en cuenta que el 85% de trabajadores del país trabaja en este sector. El gobierno ha trabajado duramente para promover planes de desarrollo, fortalecimiento de la agricultura, favoreciendo las infraestructuras energéticas y de transportes y apoyando una industrialización destinada a las exportaciones. Todo ello pretende financiarse a través de inversiones extranjeras sobre todo de países emergentes como China, India, Turquía o Brasil; y de cadenas internacionales, que en este momento se han enfocado mayormente en la industria textil. Todo ello ha convertido a Etiopía en el segundo mercado africano más grande, aunque la mayor parte de los consumidores posee un nivel de renta y poder adquisitivo bajo.

El último aspecto por comentar es el debate étnico existente en el país. A pesar de que, hasta ahora, he tratado al pueblo etíope como un ente unitario, en realidad Etiopía se compone de una enorme pluralidad de etnias distintas. De hecho, en la Constitución de 1994 se reconoce esta diversidad étnica hasta el punto de constituir un federalismo étnico. La unidad de Etiopía se basó durante la mayor parte de su historia en la existencia de un poder imperial que sometía a todos los habitantes del territorio y la unidad religiosa bajo la Iglesia ortodoxa de Etiopía. Sin embargo, con la caída del imperio y el aumento del ateísmo entre la población por obra de las corrientes marxistas que entraron en el país, la unión entre etíopes se ha debilitado.

En el Capítulo cuarto del texto constitucional se divide el territorio en nueve Estados (Tigray, Afar, Amhara, Oromo, Somali, Benishangul/Gumuz, Estado Regional de las Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur, Gambela y Harar) y dos ciudades con un estatus especial fuera del control administrativo de estas regiones (Adías Abeba y Dire Dawa). Todos estos Estados se establecieron constitucionalmente en base a las lenguas o etnias de los pueblos que habitaban esos territorios, así la división étnica del país se hace patente en su división administrativa.

División territorial del país

Este hecho ha sido debatido en muchas ocasiones y pueden verse tres posiciones al respecto. En primer lugar, los que apoyan el federalismo étnico como un derecho fundamental de los pueblos etíopes, aceptando incluso la secesión de los diferentes Estados a voluntad. Por otra banda, existe la opinión más pragmática, que ve este modelo de federalismo como una opción que, aún no siendo la más adecuada, permite mantener Etiopía unida; esta corriente rechaza la posibilidad de la secesión. Finalmente, el tercer parecer es el desprecio del federalismo étnico y la voluntad de sustituirlo por otro tipo de federalismo o por un modelo unitario.

Las tres corrientes pueden observarse en la actualidad con ejemplos claros. La segunda postura, la que presenta el federalismo étnico como la única manera de sobrevivir, sería la mantenida por el Partido de la Prosperidad (PP). Este partido nace en 2019 tras la disolución del FDRPE, que recordemos que había dominado el país desde 1991, una coalición que estaba compuesta por varios partidos de matriz étnica como eran: el Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT), el Partido Democrático Amhara, el Partido Democrático Oromo y el Movimiento Demócrata Popular del Sur de Etiopía. Abiy Ahmed Ali, de etnia oromo, se sentó al frente del FDRPE y decidió convertirlo en un partido pan-etíope, abanderando el nacionalismo etíope y la unidad de ese pueblo aceptando la diversidad étnica, pero aplicando una visión común. La idea del nuevo primer ministro no fue compartida por el FLPT, que podemos relacionar con la doctrina que apoya el federalismo étnico como un derecho fundamental. Es este suceso el que marca el inicio de las hostilidades entre el gobierno etíope y el gobierno de Tigray.

En realidad, podríamos retrasar la causa de este conflicto a 1991 porque, aparte de todo lo positivo que supuso política y económicamente, hay un aspecto importante que queda por explicar. La toma del poder por parte de Zenawi supuso el alzamiento de la etnia tigriña por encima del resto, usurpando el puesto a los amharas que hasta el momento ostentaban los altos cargos dentro del gobierno socialista. Este ascenso de los tigriña se truncó con la llegada al poder de Abiy Ahmed en 2018, ya que, a parte de no ser de Tigray, apoya políticas tendentes a la unificación e igualación de las etnias. Por eso existe esa oposición entre el PP y el FLPT.

Con todo esto claro podemos profundizar e el conflicto que está teniendo lugar en Etiopía. Desde la creación del PP, Tigray, que ya estaba dominada por el FLPT desde su creación en 1995, decidió ir por libre sin atender demasiado a las demandas que llegaban desde Adís Abeba. El 29 de agosto de 2020 estaban previstas las elecciones generales de Etiopía, pero tuvieron que aplazarse por la pandemia de Covid-19. El FLPT iba a competir por primera vez desde la oposición y contra su enemigo, el PP, por lo que ante la decisión de aplazamiento se declararon en rebeldía, acusaron al gobierno de ilegitimidad y celebraron sus propios comicios. Las alarmas saltaron en el PP que veía como los tigriña aprovechaban para separarse del gobierno central, que decidieron no reconocer al gobierno regional y comenzando una escalada de tensión entre Adís Abeba y Debretsion Gebremichael, actual líder del FLPT. El miércoles 3 de noviembre de 2020 el Parlamento etíope aprobó una resolución que permitía al Gobierno federal intervenir militarmente en Tigray contra el FLPT, que fue acusado de atacar una base militar federal y robar equipamiento. A partir de esta declaración comienza un conflicto en el que se oponen las dos partes, la federal que defiende que “las operaciones en marcha en el norte de Etiopía tienen objetivos claros, limitados y realizables: restablecer el Estado de derecho y el orden constitucional y proteger los derechos de los etíopes a vivir en paz en cualquier parte del país”, mientras que la parte tigriña asegura que “esto es una invasión”. “Estamos librando esta guerra para preservar nuestra existencia. Estamos preparados para ser mártires” declaró Gebremichael en una rueda de prensa.

La situación ha llevado al país a una guerra civil donde el gobierno ha dejado incomunicada la Región de Tigray y lleva a cabo constantes ataques y bombardeos contra los rebeldes, causando varias muertes. Sin embargo, la situación ha trascendido al ámbito internacional, no solo por el gusto de la ONU por mantener la paz, sino por los intereses políticos y económicos que existen en Etiopía. Este Estado es la cuarta economía subsahariana, pero se espera que llegue a ser la tercera, solo por detrás de Nigeria y Sudáfrica; desde el punto de vista de la inversión era hasta ahora un país muy estable dentro de África y las políticas del gobierno estaban promocionando la inversión y la facilidad de hacer negocios con permisos y licencias de construcción muy asequibles. Además, a nivel geoestratégico es una de las regiones que controlan el Nilo y abre muchas posibilidades de entrar en el mercado africano, así como para establecer relaciones institucionales con estos países. Por todo esto la gran mayoría de organizaciones internacionales como la ONU, la UE, la Unión Africana, etc. se han posicionado en contra de esta guerra que desestabilizaría el territorio y perjudicaría a los inversores extranjeros.

Por Adrián del Río Montero

Fotografía de: Tpi.it

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