Desde que en 1957 se firmara el Armisticio de Corea entre EE.UU y Corea del Norte, lo que en ese momento era la frontera entre dos sistemas hoy en día es la línea entre dos mundos. A un lado la emergente Corea del Sur, aliado preferente de EE.UU y garante del liberalismo económico y político. Al otro lado, resistiendo el paso del tiempo con un sistema colapsado y moribundo, la empobrecida Corea del Norte. A lo largo de los últimos cincuenta años en Corea del Norte todo ha permanecido inalterado, con una especie de fobia al cambio, una sociedad sumergida en un mundo atemporal. No obstante, más allá del mediático paralelo 38 donde Donald Trump se fotografió con Kim Jong Un, hay algo que ha cambiado en Corea del Norte, siendo una señal de apertura sin precedentes. La ciudad fronteriza de Sinuiju, prohibida para los occidentales hasta 2014, abría sus puertas al mundo exterior. Sinuiju se daba a conocer entre el entusiasmo vibrante de una ciudad fronteriza y la desconfianza del que, hasta ese momento, solo se conoce a sí mismo. ¿Cómo es la vida en la ciudad secreta?, ¿es el primer paso hacia la apertura total de Corea del Norte?.

La República Popular Democrática de Corea (más conocida como Corea del Norte) es un país soberano de Asia Oriental, cuya capital es la ciudad de Pyongyang. Es un estado con una extensión de aproximadamente una cuarta parte la de España, con una población de unos 25 millones de habitantes. En el terreno político, Corea del Norte es oficialmente una república socialista de corte marxista-leninista basada en la ideología Juche. Posee una economía planificada donde la casi totalidad de las empresas son propiedad del Estado (siendo de gran importancia los sectores de la metalurgia y la minería), y donde el Partido de los Trabajadores (el único legalizado) controla cada movimiento desde el Ejecutivo.

Corea del Norte y el Sur

Se trata de un país fuertemente militarizado, donde las Fuerzas Armadas constituyen la columna vertebral del estado. El ejército cuenta con 1,1 millones de efectivos (siendo el cuarto más numeroso del mundo), que junto con la Guardia Roja de Campesinos (3,8 millones) y las Tropas de Seguridad (115.000 efectivos) conforman una sociedad completamente orientada a la defensa, justificando así la política Songun (el ejército lo primero) que el régimen instauró en la Constitución después de la caída de la Unión Soviética.

Corea del Norte ha sido un país con enormes dificultades a la hora de construir relaciones bilaterales o multilaterales con otros países. Esto es debido al creciente aislamiento internacional en el que se ha mantenido desde la caída del bloque soviético, pasando de ser una de las economías emergentes más prósperas a una economía prácticamente de subsistencia. En base a esta situación, la sociedad norcoreana ha convivido durante décadas con un aislamiento que ha influido en su forma de entender el mundo. Con una sociedad completamente militarizada, dividida por castas en base a su lealtad al partido y plagada de confidentes que se vigilan unos a otros, los norcoreanos han hecho de la lealtad su modo de vida y de la desconfianza su escudo hacia lo desconocido.

Muchas han sido las tensiones entre ambos países a lo largo de estos últimos cincuenta años, generando teorías sobre misiones secretas, intentos de desestabilización o intervenciones militares. No obstante, a pesar de la continua tensión y el tono desafiante, esa fina línea que separa ambos universos se ha mantenido inalterada, permanentemente vigilada desde ambos países para no ceder un centímetro de soberanía.

Bajo esta sombra de sospecha permaneció durante décadas la ciudad norcoreana de Sinuiju. Situada a orillas del río Yalu y unida con China mediante el llamado “Puente de la Amistad Sinocoreana”, Sinuiju ha sido testigo del desarrollo económico de la ciudad china de Dandong (con la que comparte frontera a través del río) sin salir de su burbuja atemporal. Las autoridades norcoreanas vetaron la entrada de occidentales a la ciudad alegando posibles operaciones de espionaje en la frontera, permitiendo únicamente el paso desde china a transportes de mercancías y para uso militar. De esta manera, los pocos extranjeros que tenían acceso a la ciudad (en su mayoría chinos) la describen como un lugar frío, sustancialmente atrasado respecto a su vecina ciudad china y plagado de militares que deambulan por los límites fronterizos. No se hace extraño ver como decenas de soldados apuntan a cualquier persona que se acerque lo más mínimo a su orilla, marcando de forma milimétrica la línea de demarcación las veinticuatro horas del día.

 

Puente de la amistad

Mas allá de un pequeño puerto industrial, donde pequeñas grúas mueven sacos de arena de un lado a otro, un muelle donde se hacinan los transportes de mercancías que llegan desde China, y los puestos militares que bordean el río, no se ha podido ver mucho más de Sinuiju. Los pocos norcoreanos que han podido cruzar el río hacia la parte china no han interactuado con la gente local, tal vez por miedo a represalias o simplemente por rechazo hacia lo desconocido. Uno de los hechos más significativos fue durante la conmemoración del 69 aniversario de la fundación de la República Popular de Corea, donde las autoridades norcoreanas permitieron varias travesías por el río Yalu hacia la orilla china. Decenas de habitantes de Sinuiju, previamente seleccionados, tuvieron la oportunidad de pisar por primera vez el país vecino, pasando de un siglo a otro en los escasos minutos que dura la travesía en barco.

Sinuiju

No en vano, en los últimos años las autoridades norcoreanas han aflojado las restricciones para los norcoreanos que vayan a trabajar a Dandong. Durante la última década, y especialmente desde 2016, cuando China dio luz verde a las sanciones del Consejo General de la ONU sobre las exportaciones de carbón de Corea del Norte, el régimen de Kim Jong Un se vio notablemente debilitado. Las relaciones entre Pekín y Pyongyang se enfriaron a partir de dos hechos sustanciales; la ejecución de Jang Song-thaek, tío del dictador norcoreano y considerado el interlocutor con China, y los continuos desafíos del régimen a la comunidad internacional en materia nuclear.

Esta posición de Pekín marcó un punto de inflexión no sólo en la relación entre ambos países, sino en el cambio del lenguaje altamente belicista que venía manteniendo Corea del Norte sobre su principal enemigo internacional, EE.UU.

Debido a esta situación, con un comercio casi totalmente dependiente de China y cada vez más ahogado por las sanciones internacionales, el gobierno norcoreano empezó a estar necesitado de divisas extranjeras. Por esta razón comenzó a incrementarse la presencia de norcoreanos en la ciudad de Dandong, muchos de ellos en trabajos de hostelería o comercio, cediendo sus ganancias al estado norcoreano y permaneciendo en suelo chino únicamente durante su tiempo de trabajo.

Actualmente Sinuiju es una de las puertas de entrada del comercio con China más importantes del país. Es de vital importancia su relación con el país vecino, ya que Pekín es el único gran aliado de la aislada Corea del Norte y el puntal de su anquilosado régimen, el cual se mantiene como un enfermo terminal conectado a una máquina de respiración. El puente que une Sinuiju con Dandong es una de las vías que unen el país socialista con el mundo exterior. Cuando cae la noche la mitad del puente perteneciente a China se ilumina con potentes focos, mientras que la otra mitad perteneciente a Corea permanece en la penumbra. Tan sólo los focos de los puestos fronterizos hacen pensar que hay vida más allá del río, dando una imagen de falsa calma a una frontera altamente controlada y militarizada desde suelo norcoreano.

Comparativa de luces entre Corea del Norte y sus vecinos

Sinuiju es tan sólo la punta del enorme iceberg que conforma el estado norcoreano, la cara visible de un país sumido en la pobreza y la anulación de los derechos individuales. En Corea del Norte, al igual que en Sinuiju, la opacidad y el recelo hacia el exterior hacen que todo se vea desde un prisma diferente, sin contrastes, haciendo de la unicidad una virtud. Los últimos encuentros entre Donald Trump y Kim Jong Un han servido para relajar las encendidas relaciones entre ambos países, pero hasta la fecha no han repercutido en cambios sustanciales. Después de un primer encuentro en Singapur, donde se esgrimió un preacuerdo para la desnuclearización de la península coreana, llegó el histórico encuentro entre ambos mandatarios en el paralelo 38, donde por primera vez un presidente de EE.UU cruzaba la línea de demarcación y se adentraba en suelo norcoreano. Forzado por la situación, el gobierno norcoreano ha ido abriendo paso en la esfera internacional desde su aislamiento, dando un respiro a sus pruebas nucleares para contentar a la Comunidad Internacional y poder así relajar las sanciones. No obstante esto es una vida más de un régimen que, desde hace mucho tiempo y sin margen de maniobra, decidió abandonar a su suerte al pueblo norcoreano.

Por Matías Reimers Lococo

Fotografía de: ExplorenorthKorea

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