El 10 de agosto de 1519 parten desde Sevilla cinco naves, Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago con la intención de establecer una ruta desde España hasta las Molucas por occidente, evitando así los mares reservados a los portugueses. Al mando de la expedición se encuentra el explorador portugués Fernando de Magallanes.

El marino de Oporto había experimentado la navegación desde sus primeros años y teniendo el conocimiento de la existencia de las Molucas, ofreció al rey Manuel I de Portugal su nueva ruta a la conocida como “isla de las especias”, sin embargo, los portugueses ya conocían una ruta segura bordeando África y no se interesaron por la idea de Magallanes. Pero ahí no acabó la cosa, porque los españoles sí estaban deseosos de encontrar una ruta que no atravesase los mares pertenecientes a los portugueses en virtud del Tratado de Tordesillas (1494). Así, apoyado por el cosmógrafo portugués Rui Faleiro, el factor de la Casa de Contratación sevillana, Juan de Aranda, y el obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, consiguió convencer a Carlos I para que aprobase la expedición en 1517. Un año después Faleiro y Magallanes son nombrados almirantes de la “Armada para el descubrimiento de la especería” y comendadores de la Orden de Santiago, junto a estos títulos se les conceden privilegios de explotación sobre las tierras y rutas comerciales descubiertas.

Después de romper con Faleiro y con todo a punto, Magallanes zarpó hacia occidente con cinco barcos y unos 250 marineros y soldados. La composición étnica de la tripulación era de lo más variado, con un importante número de vascos y portugueses, aunque también se podían encontrar marineros andaluces, italianos, franceses o griegos. Desde Sevilla fueron hasta la Bahía de Santa Lucía (Brasil), con escala en Tenerife, y desde allí bajaron por la costa latinoamericana hasta el conocido como Estrecho de Magallanes donde por fin consiguen su objetivo principal, bordear el continente americano para llegar a Asia. Sin embargo, aún quedaba una parte muy complicada del viaje, llegar hasta las Molucas.

Fotografía de: Escuela Elcano

Una vez abandonada la costa de Sudamérica, lo que hoy sería Chile, la expedición pasó meses en medio del Océano Pacífico encontrándose solamente con dos islas, el atolón de Puka-Puka y la isla de Flint. Fue una travesía larga y dura por la falta de provisiones, ya que habían decidido no pararse en la costa de lo que hoy sería la ciudad de Concepción (Chile), y los hombres comenzaban a morir de hambre. Hasta que, por fin, su infierno terminó cuando avistaron la isla de Guam, que ellos llamaron la Isla de los Ladrones debido a que, según Pigafetta, el cronista de la expedición “Los isleños venían a nuestros barcos y robaban tan pronto una cosa como la otra, sin que pudiéramos impedirlo”. Pasaron tres días en la isla de Guam hasta poder proseguir con el viaje, que los llevaría a Filipinas donde tras varios viajes entre las islas llegan a Cebú. En esta pequeña isla del archipiélago filipino conocen a una tribu quienes a pesar de su temor a los expedicionarios acaban trabando amistad e incluso consiguen convertir a muchos indígenas al cristianismo. Sin embargo, la tribu vecina de Mactán no estaba dispuesta a confiar en los europeos y los desafía, ante lo cual Magallanes respondió con osadía, plantándoles cara con un pequeño grupo de hombres en lo que resulta ser el mayor exceso de confianza del portugués. En cuanto desembarcan en la playa de Mactán miles de guerreros caen sobre los expedicionarios acabando con la vida de varios de ellos, entre los que se encuentra Magallanes.

Pero este no es el final de la expedición, tras un breve y duramente criticado gobierno de Lopes Carvalho, es Juan Sebastián Elcano el que toma el mando de la nave y continúa la travesía con el objetivo de encontrar las Molucas y regresar a España cargado de especias. Elcano era un marinero guipuzcoano que se había visto en la tesitura de unirse a la expedición de Magallanes para redimirse de haber vendido su nave a unos saboyanos, lo cual estaba prohibido por la Corona. A pesar de haber sido discreto en los primeros años de expedición e incluso haber participado en un motín, al salir de Brunéi se convirtió en el capitán de la nave Victoria, la última que quedaba, y condujo a sus hombres a casa en un audaz viaje a través del Océano Índico, a pesar de que podría haber tomado la ruta más segura por la India su sentimiento aventurero le llevó a pasarse cuatro meses en medio del océano. Ya cerca de acabar la expedición paran en Cabo Verde, donde intentan pasar desapercibido para no ser detenidos por los portugueses, pero no pudieron mantener su disfraz y las tropas portuguesas apresaron a varios tripulantes de los pocos que quedaban y exigieron la entrega de la nave, ante los cual Elcano largó velas y huyó sin hombres suficientes para gobernar la nave. Finalmente, los marineros consiguen llegar a Sanlúcar y después a Sevilla donde son recibidos con honores para entregar 27 toneladas de clavo, una especia muy codiciada en aquel momento. El emperador Carlos V manda una carta de agradecimiento y le pide a Elcano que acudiese personalmente junto con “dos personas de las que han venido con vos, las más cuerdas y de mejor razón”. El cano volvería a realizar una segunda expedición a las Molucas, dirigida por García Jofre de Loaísa, la cual resultó ser solo de ida, solo sobrevivieron 24 de los tripulantes y tanto Elcano como Loaísa murieron durante la travesía.

Fotografía de: ABC

La figura de Magallanes es mundialmente conocida y es tratado como un marinero intrépido y audaz, aunque dentro de su carácter también caben los adjetivos de autoritario, espartano o fanático católico. De hecho, si pensamos en ciertos momentos de la expedición parece que muchos de sus problemas se hubiesen solucionado con un carácter menos fuerte, aquí se me viene a la mente el hecho de que mintió a toda la tripulación sobre el viaje, asegurándoles que la travesía sería por la ruta conocida, bordeando África, para después virar hacia Occidente en Sierra Leona, ante la sorpresa de todos; del mismo modo nunca aceptó a Juan de Cartagena como inspector de la Corona e incluso lo encerró. También podríamos referirnos a los castigos que ordenó tras el motín en Puerto de San Julián, donde mata al capitán Luis de Mendoza, manda cortar la cabeza y descuartizar a Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, y abandona en tierra Juan de Cartagena y a un fraile, Pero Sánchez Reina; se cree que después de esto tenía la intención de ahorcar al resto de sublevados pero por necesidad de hombres o porque cómo cuenta Ginés de Mafra “esta crueldad no consintió la demás gente de la armada”. Aunque tal vez podría argumentarse que todas estas confrontaciones partían del hecho de que nadie aceptaba como Capitán General a un portugués, aún habiendo sido naturalizado español.

Sin duda resultaría un personaje muy controvertido incluso en su época, pero creo que actualmente, aún teniendo en cuenta sus comportamientos, merece dar más importancia a lo que aportó al mundo. El viaje de Magallanes es el inicio de la globalización, a partir de aquí la vuelta al mundo era algo posible, el ser humano podía ir a donde le apeteciese y, a pesar de que aún faltaban muchos lugares por descubrir, hacer saber al mundo que la Tierra era esférica y que había aún más climas, animales, pueblos y culturas de las que se conocían hasta el momento. Con este descubrimiento China podía comerciar con el Virreinato de México, convirtió a Filipinas en el centro del comercio asiático y a los reinos de la península Ibérica, sobre todo España, extendió su influencia por todo el mundo. Fue el castellano el idioma que dio la vuelta al mundo por primera vez y el catolicismo la primera religión que mandó misiones a convertir a los indígenas filipinos. Se construyeron universidades para alfabetizar a la población indígena y la transmisión de ideas se hizo patente. Desde la primera vuelta al mundo los europeos pudieron tener la visión de una sociedad global y aunque, por supuesto, el mundo global no se consolidó en ese mismo momento, sin duda fue uno de los pasos más importantes para conseguirlo, de hecho, podría considerarse que fue la plata española de las minas mexicanas la que sirvió de catalizador de la Primera globalización. Por todo lo expuesto considero oportuno dedicar nuestro agradecimiento no solo como españoles en este día, sino también como ciudadanos del mundo a estos dos marinos ibéricos, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.

Por Adrián del Río Montero

Fotografía de: XL Semanal

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