El pasado de España se encuentra plagado de momentos clave para la historia de la humanidad, desde la expansión de la religión cristiana por el mundo, el enfrentamiento y victoria contra los otomanos, impidiendo que estos se lograsen expandir por todo el mediterráneo, o los muchos descubrimientos realizados por marinos y conquistadores de origen español. En este texto nos centraremos en este último grupo, y , más concretamente, como consecuencia de las fechas en que nos encontramos, en el descubrimiento de américa realizado por Cristóbal Colón que abrió nuevos horizontes a España y al conjunto de países europeos.

El inicio de esta epopeya que marcaría un antes y un después en la historia de la humanidad tiene un origen curioso. Primero cabe destacar que Cristóbal Colón no era español, sino de origen genovés, y por lo mismo muy apegado al mar, al comercio y a las rutas de mercancías que llegaban desde Asia a Europa. Por lo mismo, desde muy joven se enrolaría en naves comerciales y tras varios años acabaría radicándose en Lisboa, donde comenzaría a pensar en un posible viaje hacia el oeste con el objetivo de conectar Europa con Asia sin necesidad de las rutas terrestres.

Cristóbal Colón

Y es que pocos años antes, en el 1453 el Imperio Bizantino, el último resquicio romano que quedaba en Europa, había caído ante el cada vez más poderoso Imperio Otomano de Mehmed II. Esto produjo que el acceso a los valiosos bienes de la Ruta de la Seda se volviese casi imposible, al haberse cortado uno de los lugares clave de donde se obtenían. Así, los reinos europeos comenzaron a buscar una forma de volver a acceder a esos recursos por un precio adecuado, siendo los portugueses, al mando del Infante Don Enrique, quienes primero intentaron esta hazaña, estableciendo un puerto seguro en el Cabo de Buena Esperanza y llegando a las indias bordeando el continente africano.

Sería en Lisboa, en este ambiente de búsqueda, donde Colón se influenciaría de pensadores como Ptolomeo, Toscanelli y Posidonio y consideraría que podría llegar, cruzando el océano Atlántico, hasta la India desde Portugal o España. Colón propondría su proyecto de viaje al rey Juan II de Portugal en 1483, no obstante este rey, tras consultar con sus asesores, no creería que lo proponía el marino genovés fuese viable, por lo que despacho su propuesta. Ante esto Colón decidió probar suerte en otras cortes, más concretamente en la de Castilla, a la cual arribaría entre 1488 y 1490 para proponerles su idea de un viaje a través del Atlántico.

Colón ante los Reyes Católicos en su regreso

Pese a la propuesta, los Reyes Católicos en aquel momento se encontraban sumidos en una guerra contra el Reino Nazarí de Granada que finalizaría en 1491 y rechazaron su petición por falta de fondos. Pese a esto, tras el fin de la guerra y la firma del tratado de paz, Colón volvería a intentar conseguir apoyo, y esta vez se encontraría un ambiente mucho más favorable. En este momento su propuesta sería considerada como algo posible y se iniciaron diálogos entre los representantes de la corona y del navegante. Pese a esto, no se llegaría a un acuerdo porque Colón exigía ser nombrado virrey de las nuevas tierras y almirante. Aún así, poco tiempo después se firmarían las Capitulaciones de la Santa Fe, en la cual Colón lograría obtener el apoyo real así como la promesa de ser nombrado Virrey de las nuevas tierras que descubriese a la largo de su vida y un 10% de toda la riqueza que allí encontrase. De tal forma, el 3 de agosto de 1492 Cristóbal Colón partía desde el puerto de Palos de la Frontera, Huelva, rumbo hacia el oeste al mando de tres carabelas, la Pinta, la Niña y la Santa María.

Colón no obstante, se había equivocado, y sus cálculos eran erróneos. Si hubiese tenido que llegar hasta Asía habría muerto de sed o inanición pero en medio de su viaje se encontró con un nuevo continente. Allí, el 12 de octubre de ese mismo año llegó a Guanahani, una isla del  Caribe a la cual confundió con las Antillas. Posteriormente arribaría en Cuba, a la cual denominó Juana, en honor a la hija de los Reyes Católicos y a Santo Domingo, la cual recibió el nombre de “La Española”. En esta última isla naufragaría también una de las embarcaciones, la Santa María, y sus restos serían aprovechados para construir el Fuerte Navidad, la primera fortificación española en territorio americano.

Consecuencias del Descubrimiento

El descubrimiento de América tuvo muchas consecuencias a nivel político e histórico. Primero, alteró la relación de fuerzas entre las naciones descubridoras por excelencia, Portugal y España. Y es que en el año 1479, como colofón a la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479), la cual enfrentó a los reyes católicos con el rey de Portugal y su esposa Juana la Beltraneja, se firmará el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal. Este tratado reconocería a Isabel como la verdadera heredera de la corona de Castilla, en detrimento de su sobrina Juana, en aquel momento reina de Portugal, y se establecerían límites marítimos en relación con ambas naciones, perteneciendo las canarias a Castilla mientras que las Azores, Madeira y las Islas de Cabo Verde, así como el derecho de conquista del reino de Fez y el derecho de navegación al sur del paralelo de las Canarias, serían para Portugal.

El descubrimiento alteró esta relación y Portugal reclamaba que aquellas nuevas tierras le pertenecerían “de iure” si se encontrase debajo del paralelo de las Canarias. Esto parecía llevar irresolublemente a un conflicto armado hasta que el Papa Alejandro VI ( Más conocido como Rodrigo Borgia) publicó en 1493 la bula “Inter caeteras” en la cual se afirmaba que toda nueva tierra que se descubriese por parte de Colón o “empresas castellanas” pertenecerá a Castilla.

Tratado de Tordesillas

Esto produciría que Portugal no pudiese continuar con su expansión natural hacia el atlántico, más allá de caso destacable de Brasil, y que se enfocase en África y Asia, estableciendo una serie de puertos seguros que conectarían Lisboa con India o hasta China, gracias a las plazas de Ceilán y Macao.  Esto produciría que naciones alejadas, muy poco conocidas hasta el momento, fuesen poco a poco acercándose al mundo occidental y que el mundo se volviese más pequeño.

Igualmente, este descubrimiento representaría un antes y un después en cuanto a la religión católica y su expansión. Mientras que el catolicismo se encontraba en crisis en Europa, con una reforma protestante cada vez más fuerte y un Imperio Otomano ascendente que amenazaba las fronteras orientales de la cristiandad, américa fue un campo de cultivo para la aparición de nuevos creyentes. El apoyo de Alejandro VI y luego de otros pontífices como Adriano VI y Julio II tenía un precio. Primero, el apoyo al papado y sus pretensiones en Italia, cosa que como se comprobaría poco después en figura de Carlos V, España no estaba dispuesta a hacer. No obstante, el otro requisito establecía que esos nuevos territorios debían ser cristianizados de forma inmediata, y así se hizo.

Desde el momento del descubrimiento decenas de misioneros partieron con el objetivo de cristianiza a la población nativa, y muchas órdenes religiosas se sumarían a la pretensión. Destacan entre estos los Franciscanos, Dominicos y Jesuitas, muy conocidos estos últimos por su constante labor evangelizadora en Sudamérica. De tal forma, el descubrimiento de américa representaría un antes y un después en cuanto a la presencia de la religión católica en el mundo, con varios cientos de millones en la actualidad profesando esa fe en Sudamérica a causa de la presencia española.

Por último, y tal vez lo más importante, este descubrimiento iniciaría un largo proceso de colonización o anexión de muchos territorios a lo largo y ancho del continente americano. Esto se produciría tanto por parte de los españoles, como de los portugueses en Brasil, los franceses en la zona del sur de Estados Unidos o Inglaterra, con sus famosas Trece Colonias, situadas en la costa este de Norteamérica. El descubrimiento de América iniciaría un largo proceso de expansión territorial por parte de las naciones europeas así como expandiría más el conocimiento del mundo y las conexiones entre las diferentes partes de este, estableciéndose puertos, enlaces y nuevos asentamientos por un continente entero. Igualmente alteraría los equilibrios de poder en el mundo, convirtiendo a España en una nación intercontinental y durante unos 100 años la más poderosa del mundo, al igual que consolidaría a países como Inglaterra como colonizadores incesantes.

Asimismo, estas nuevas tierras, más allá del propio valor que tuviese, sirvieron como punta de lanza para nuevos descubrimientos hacia China, Japón y muchos lugares de Asia así como dieron acceso a nuevas y exóticas mercancías que llegaban a Europa desde todos los lugares del globo.

Por Carlos García

Fotografía de: Buzzle.com

Leave a Reply