Teletrabajo. Una de las palabras de moda que ha traído consigo este año 2020 para muchos ciudadanos debido a la crisis del Covid. Muchas empresas y trabajadores han tenido que acelerar esta transición a este planteamiento o nuevo modo de trabajo de una manera más acelerada (y adelantada) de la que pronosticaban los expertos debido a la excepcional situación en la que se ha visto sumido a lo largo de todo el Globo, pero, ¿Qué es el teletrabajo?

Una de las primeras definiciones vino dada por parte del profesor de la Universidad de Southern California. J. Niles, quién en los años 70 del pasado siglo planteó las ventajas y desventajas de la descentralización del trabajo gracias al incipiente uso de las telecomunicaciones, debido a factores como la necesidad de reducción de los costes de transporte debido al aumento de los precios del petróleo debido a la crisis de 1973, la expansión de las grandes urbes y la separación de estas entre sus áreas comerciales y residenciales. A pesar de no contar con una definición universal aceptada, podríamos definirlo como aquel tipo de trabajo y/o prestación de servicios realizados de forma remota, a distancia y online utilizando tecnologías informáticas y telemáticas.

Según los datos que proporciona el INE, para la Encuesta de Población Activa, en 2019, únicamente el 4,8% de los españoles de los ocupados españoles trabajaba desde casa, dato que contrasta con la diferencia respecto a otros países europeos como Países Bajos (14%), Finlandia (13,3%) o Luxemburgo (11,0%). Las diferencias aumentan en el caso de hablar de trabajadores por cuenta propia, con muchos de nuestros vecinos por encima del 40%, mientras que en España apenas supera el 15%.

Sigamos viendo la situación comparativa respecto a otros países de Europa. En España el teletrabajo ha sido una actividad residual hasta el estallido del virus, en lugares como Bélgica, se han fijado 129€ mensuales como compensación al aumento de los gastos de los trabajadores por trabajar desde casa (luz, calefacción, telecomunicaciones). Francia cuenta con legislación al respecto desde el año 2012, en la que se indica que el teletrabajo es voluntario y que la persona que quiera ejercerlo contará con los mismos derechos-vacaciones, formación, coberturas sociales- que el resto de trabajadores, a partir del año 2017 introdujeron la devolución al trabajador de aquellos gastos ocasionados por desempeñar esta actividad de manera telemática. Otro de los países de referencia en Europa en materia laboral, como es Alemania, no dispone de un derecho legal y explícito en cuanto a trabajar desde casa, todo acuerdo se ha de dar a nivel particular entre el empleado y su compañía dentro del marco de su convenio colectivo correspondiente en el caso de que este exista. También desde la república federal, se ha puesto en marcha una iniciativa de nombre INQA, ( Iniciativa para la Nueva Calidad del Trabajo), con la que pretende orientar a empresas y asalariados sobre las reglas y formas de aplicar el teletrabajo por ambas partes.

 

Encuesta sobre una muestra de 86,457 trabajadores europeos a la pregunta: ¿Ha empezado a trabajar desde casa como resultado de la situación derivada del COVID-19?

 

Foto de: Eurofond

 

 

Además, en nuestro país, el 91,4% de los hogares cuenta con acceso a internet, eso sí, a distintas velocidades. Es aquí donde radica uno de los principales problemas con los que se han encontrado muchos trabajadores en cuyas empresas se ha implantado el teletrabajo. La posibilidad para estos de poder volver a muchos de sus pueblos pertenecientes a la España vacía, se ha visto condicionado por el acceso a la red y la calidad del servicio. Se estima que 1.800.000 personas viven en las llamadas zonas blancas, llamadas así debido a que en las mismas no existe cobertura de redes de banda ancha y en la que las principales compañías no tenían previsión de ofrecer sus servicios en los próximos 3 años. Esta situación podría revertirse, pues en los últimos días, José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica, ha propuesto un Pacto Digital, tras el propio presentado por el Gobierno por el Gobierno para los próximos diez años, en el cual asumiría el compromiso de dar cobertura de fibra óptica al cien por cien del territorio para el año 2025, además de la implementación de la tecnología 5G, que pretende cambiar el mundo global tal y como lo conocemos de mano de una nueva revolución tecnológica.

Parece entonces de vital importancia focalizar todos los esfuerzos disponibles en facilitar el acceso a que todos aquellos trabajadores que puedan teletrabajar puedan hacerlo desde cualquier punto del territorio. El impacto puede traer consigo muchas ventajas, desde el ahorro de costes de transporte, con la consiguiente reducción de agentes contaminantes derivados de todos los desplazamientos al centro de trabajo, y lo que es más importante, la posibilidad de frenar, e incluso revertir el éxodo de los pequeños municipios a las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, aliviando por tanto el problema del alza de los precios del alquiler. Los catalanes (56,5%) y los madrileños (55,7%), destinaron en 2019 gran parte de sus salarios brutos mensuales en el pago de su renta.

La huella que supone disponer de un ciudadano con un puesto de trabajo, en su mayoría cualificado en zonas con reducida densidad de población, proyecta un circulo virtuoso para la economía y sociedad del emplazamiento, con su correspondiente aumento de consumo, mejora del comercio local, servicios públicos, demanda y población.

Por otra parte, también tiene sus detractores, como es el caso de la patronal de la Hostelería en España, la cual en las últimas semanas ha reclamado en un comunicado a través de su secretario general, Emilio Gallego, el que ha instado al cese del teletrabajo una vez finalizado el estado de alarma y de confinamiento alegando que muchos de los establecimientos dependen en gran medida del flujo de trabajadores a sus sedes y oficinas. Desde la patronal también estiman que entre un 15% y un 20% de los más de 300.000 establecimientos hosteleros del país, corren el riesgo de no volver a abrir sus puertas tras esta crisis.

Una de las preguntas que parece inevitable plantearse es, ¿es entonces el momento de un cambio de modelo productivo? Lo que sí parece evidente es que el teletrabajo ha llegado para quedarse, y es el momento para legislar, facilitar y flexibilizar este nuevo reto que nos ha planteado el Covid en el ya deteriorado mercado laboral español, de la mano de agentes sociales, patronales, partidos políticos y ciudadanos, con el mayor consenso y celeridad posible que requiere una situación tan excepcional.

A la espera de la presentación de la nueva ley del Teletrabajo, o Ley de Trabajo a Distancia según su nombre oficial, el Ministerio de Trabajo, ya ha redactado el anteproyecto de Ley, el cual deberá de negociarse con los agentes sociales antes de ser aprobado en primera instancia por el Consejo de Ministros y posteriormente ratificado por el Congreso de los Diputados y el Senado. El documento presenta 21 artículos, una disposición transitoria y cuatro adicionales. Complementa, amplia y define leyes anteriores como el Estatuto de los Trabajadores o la Reforma Laboral del 2012. Entre los puntos que más se destacan, es la obligatoriedad de que son las empresas quienes deberán asumir y pagar, todos los gastos en los que pueda incurrir el trabajador en su casa, derivados de la actividad laboral que desempeñe, además de plantear el derecho a un horario flexible, permitiendo alterar la jornada laboral, siempre dentro de los límites establecidos en la normativa sobre el tiempo total de trabajo y que esté consensuado previamente con la empresa.

Restará por ver, si finalmente esta norma recoge todas las situaciones y casuísticas que se plantean en este nuevo horizonte laboral sobre el que se va aprendiendo día a día, si la misma resta competitividad a las empresas españolas frente a otras regulaciones extrajeras o si otorga de un marco estable como base para esta nueva normalidad, en la que todos ya vivimos.

Por Ezequiel de la Rosa Pérez

Fotografía de: Chemtrail

Leave a Reply