Desde 2002 en Turquía gobierna el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), una formación conservadora y profundamente islámica que ha cambiado el rumbo del país decisivamente. A la cabeza del partido se encuentra Recep Tayyip Erdoğan, un político que pasó de alcalde de Estambul a primer ministro y, finalmente, a presidente de la República de Turquía. Erdoğan ha conseguido a lo largo de los años acumular más poder en su persona, culminando con el referéndum constitucional de 2017 donde se pasó de una república parlamentaria a un sistema presidencialista, otorgándole todo el poder ejecutivo al presidente de la república.

En estos 18 años de gobierno del AKP se pueden ver muchos cambios en el panorama turco, desde una creciente importancia en la sociedad internacional como un potente desarrollo industrial y tecnológico. Centrándonos ya en el ámbito social es clara la tendencia islamizante del AKP en sus recurrentes intentos por “crear una nueva generación devota”, en palabras del propio Erdoğan en 2012.

Ahora bien, la islamización de un país no es algo concreto que se pueda ver a simple vista, sino que debemos fijarnos en varios ámbitos. En primer lugar, el ámbito individual, el relacionado con el sentimiento religioso de los turcos. En principio es obvio pensar que el estado turco ha estado siempre relacionado estrechamente con el islam contando aún con un 90% de la población que se declara musulmana. Pero si nos paramos a ver las estadísticas observaremos que, curiosamente, desde la entrada del AKP en el gobierno los niveles de religiosidad, entendida como la aceptación y cumplimiento de los preceptos básicos propios del islam, en la población turca han descendido de un 55 en 2008 a un 51 en 2018 y la práctica religiosa cayó notablemente del 77 al 65. Estos datos, sin suponer un cambio radical en la sociedad tradicional turca, se corresponden directamente con un cambio de mentalidad de los jóvenes sobre todo en áreas urbanas, entre los cuales ha aumentado el nivel de ateístas y deístas.

En segundo lugar, debemos enfocarnos en la inserción de la religión en los textos legales y el nivel de secularismo del país. El expresidente Mustafa Kemal Atatürk, tras la Primera Guerra Mundial, abolió el califato y proclamó una república secular. Esto se debe a que, en ese momento, Atatürk quería acercarse a Europa y el obstáculo más grande era la fuerza de la identidad islámica en el país, por lo que se decidió a eliminarla combinando estrategias como separar el gobierno de la religión, crear un alfabeto latinizado, imponer un código de vestimenta similar al europeo, etc. Así, Turquía, dentro de los países con mayoría de población islámica, es un extraño, ya que la sharía no sirve de base a su ordenamiento jurídico. A nivel legal no existe, en los últimos años, ninguna ley o reforma de carácter proislámico relevante en ninguna esfera del país, por lo que podemos decir que a nivel legal no se está dando la corriente islamizante.

Finalmente, el último punto que queda por estudiar es el comportamiento de las instituciones  y su incidencia en la islamización de la población. Aquí podemos observar una fuerte tendencia gubernamental hacia la inserción del islam en la vida pública. Erdoğan se ha centrado en educar a la sociedad para adoptar una actitud islámica, para revivir el sentimiento islámico que el kemalismo había intentado socavar. Es importante recordar que, a pesar de las medidas europeizantes mencionadas, nunca se ha podido hablar de una sociedad turca verdaderamente laica, ya que todo este tiempo ha existido una firme mayoría islámica.

Las medidas gubernamentales en apoyo al islam comienzan con el Directorio de Asuntos Religiosos, conocido como Diyanet. En un principio este organismo se había establecido constitucionalmente tras la abolición del califato para contentar a la mayoría sunní del país y que no se viese cuestionado el laicismo estatal, sus funciones eran bastante simples: dar sermones semanales a la población, educar en materia religiosa y gestionar los lugares de culto. Sin embargo, en 2006 comenzó a aumentar su financiación y en 2010-2011 el Diyanet comenzó una rápida transformación hacia un órgano burocrático del Estado para supervisar el cumplimiento de los preceptos religiosos para que la población viviese según el estilo de vida tradicional propuesto por el islam y promocionar el islam sunní hanafí tanto dentro como fuera del país. Para 2015 el Diyanet ya había cuadriplicado su financiación estatal y se había doblado el número de empleados, incluso en 2012 se le dio su propio canal de televisión. Pero lo más importante ocurrió a partir de 2016, tras el golpe de estado fallido en Turquía, donde el Diyanet recibió órdenes de elaborar informes sobre el movimiento liderado por Fethullah Gülen, lo que supondría el uso del Diyanet como un órgano político de investigación interna.

Otro de los cometidos más importantes de este Directorio es la publicación de fetuas, que son pronunciamientos que un experto en ley religiosa emite públicamente. En Turquía, al ser un estado laico, estos pronunciamientos no tienen rango de ley, pero sí suponen un mandato de cierta importancia para los creyentes practicantes del islam. Desde 2011 se puede observar un incremento en el número de fetuas, entre los más destacados encontramos el que prohíbe celebrar el Año Nuevo occidental, dar de comer a los perros dentro de casa, las loterías y los tattoos; el que avisa a parejas que no pueden darse la mano ni pasar tiempo a solas mientras estén prometidos; o el que desalienta el uso de la mano izquierda para comer y beber.

Otro aspecto importante es la islamización de la educación, no solo con el uso del Directorio de Asuntos Religiosos, sino también con el uso de la televisión pública y las escuelas. A través de la RTÜK, la agencia estatal que controla las emisiones en radio y televisión, se han censurado programas como Gossip Girl por considerarse inmorales o incluso programas turcos que se etiquetaron contrarios a los valores nacionales y morales. Así mismo en los últimos años se ha producido una gran expansión de escuelas “Imam Hatip”, centros religiosos islámicos que preparan a los jóvenes para ser imanes, gracias al influjo de presupuesto que les ha ofrecido el propio gobierno.

Finalmente, dentro de estas maniobras gubernamentales en favor del islam podemos observar la restricción de libertades individuales por considerarse contrarias a la fe. Desde medidas indirectas como desincentivar el consumo de alcohol subiendo excesivamente las tasas a pagar y censurando sus anuncios, hasta maniobras directas como la monitorización de los comentarios en redes a través de una unidad especial de la policía nacional turca para sancionar los insultos a la religión y al Estado.

Una vez comentados todos los aspectos relevantes de la islamización vemos que esta viene mayoritariamente del gobierno. Esto supone que en Turquía existe un islamismo de estado que en los últimos años se ha dedicado a imponerse sobre el islamismo civil, el cual anteriormente habitaba con soltura en la esfera pública donde había conseguido crear una funcional estructura de fundaciones religiosas y organismos civiles acordes con la democratización y liberalización del país. Sin embargo, en la actualidad estos organismos dependen demasiado del AKP como para considerarse independientes. Es tal vez esta imposición estatal, junto con la omisión de las demás religiones presentes en Turquía, la que haya propiciado una generación de jóvenes descontentos con la religión, que se hayan apartado del planteamiento islámico para acercarse a otro tipo de creencias como el deísmo para oponerse al tradicionalismo gubernamental.

Las razones para que esto sea así pueden ser variadas y de momento no sabemos la respuesta. Como primera opción, podría tratarse de un añadido más a la tendencia neotomanista que ha venido mostrando Turquía desde hace años, su intento por restaurar la grandeza del califato otomano pasa por crear un sentimiento religioso fuerte y unitario. Otra posibilidad sería el intento de Turquía de acercarse a otros países islámicos, se trataría de un país en busca de aliados fuertes ante el rechazo sufrido tanto por Europa como por Rusia. La última alternativa plausible que encuentro sería de un ámbito más local, la islamización supondría un movimiento de los conservadores turcos que, gracias a la movilidad social que supuso la expansión industrial y económica del siglo XX, hubiesen ahora ascendido a puestos de poder y viesen una sociedad decadente y liberalizada que debe ser cambiada hacía unos valores más tradicionales. O, tal vez, sea una mezcla entre todas estas ideas.

Por Adrián Del Río Montero

Fotografía de : Islamicity.org

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